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La Tapia del Manicomio

Cuentos del abuelo Cebolleta

mili ivaCorría el año 1968 y había mucha más hambre que ahora, no se lo pueden ni imaginar los jóvenes (y los no tan jóvenes). Si se comía mal en la sociedad en general, imagínense en la mili. Menos durante un mes de ese año en el Campamento de Viator, en el que le tocó cocina a un capitán que debía tener algo de especial, porque la comida (y la cena) de todos los días de ese mes fue incomparablemente mejor y más abundante que el resto de los meses. A pesar de ese “dispendio” se ve que le sobró dinero, porque dio una comilona el último día de su mandato: pollo asado, helados, café-café y botella de coñac para cada ocho mílites. El cabreo que pillaron el resto de oficiales fue nombrado en todo el CIR 6 y en varios kilómetros a la redonda. Normal, los había dejado en evidencia.

Esta nueva “historia de la puta mili” viene al caso por la noticia publicada estos días sobre seis mandos militares que han sido procesados por sisar en la comida de los alumnos de una residencia para hijos y nietos de militares. Unos trescientos mil euros han “detraído” de la alimentación de los muchachos durante cuatro años. Además, recibían regalos (jamón ibérico, mariscos y whisky Cardhu, entre otras finezas) de los contratistas a los que les permitían robar en el suministro. Naturalmente, esto no pasa de ser una anécdota en el maremágnum de latrocinio en que estamos inmersos: hablar de trescientos mil “eurillos” a repartir entre seis durante cuatro años, es una menudencia. Rato solo, que cobraba 2,3 millones al año en Bankia, se lleva cien mil al año solamente de su cargo en Telefónica, sin contar lo que le haya quedado del FMI y de otras “vicisitudes” que ha padecido. Los de la Gürtel, trescientos mil euros se los pulían en unos cuantos desayunos de trabajo, si es que iban ni siquiera a la cafetería. ¿Cuánto se “perdió” en Terra Mítica o en alguna de las obras de Calatrava? ¿Cuánto le habrá quedado al padre de doñandreaquesejodan del aeropuerto de Castellón? Total, que estos militares de Sevilla son unos angelicos; algo así como comparar al contratista de la caseta del guarda de la obra de asfaltado de la calle Conde Xiquena con Paco el Pocero. Encima, su rapìña ha afectado a muchos menos que, por ejemplo, los pillados con preferentes y subordinadas. De todas formas, otro aspecto negativo de esta noticia es que aparezcan militares en asuntos de esta índole, cuando la institución a la que pertenecen es de las más valoradas en las encuestas del CIS. Claro que por seis mangantes no tiene que ser criticado el conjunto, aunque eso sí que se hace con otros colectivos como jueces, banqueros, políticos y demás familia.

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