//
estás leyendo...
La Tapia del Manicomio

No nos consta

disimulo  Decía el otro día Manuel Alcántara en su columna “multiperiódicos” que ahora, cuando las madres les pregunten a “sus hijos más prometedores”:   “¿Tú que quieres ser de mayor”, el niño responderá impertérrito: “Tesorero”. Y es que la historia reciente les está dando a estos tiernos infantes unas pistas inequívocas sobre lo que hay que hacer en la vida para forrarse. La lista de tesoreros del PP es ejemplar: Ángel Sanchis desde que se fundó el partido, Naseiro hasta el 90, Lapuerta hasta que fue nombrado Luis Bárcenas en 2008. Sanchís es socio de Bárcenas desde el 82 en inversiones sudamericanas; Naseiro se salvó de la cárcel por los pelos (“legalismos”). Y de Bárcenas ¿qué de nuevo podemos contar? Qué lejos queda ya Mario Conde, el pobre, que hasta tuvo que dirigir un banco, y sus trapacerías lo llevaron al maco.

No siempre ha sido tan “valorada” la profesión de tesorero. Antiguamente (ya estamos otra vez en plan Cebolleta), las instituciones o corporaciones de cualquier tipo buscaban al tipo más acrisoladamente honrado para ponerlo de tesorero. Los flamencos tenemos dos ejemplos cerca. Aquí mismo, en la peña El Taranto hay un tesorero casi perpetuo (y ya tiene la Peña cincuenta tacos) que se llama Antonio Verdejo. Presidente que llega, lo primero que hace es ficharlo para administrar los dineros. En el mismo sector, un poco más lejos, teníamos hasta hace muy poco a Paco Celaya, ilustre escudero de Antonio Mairena, que fue tesorero de todas las peñas, fundaciones o cualquier tipo de actividad más o menos flamenca. Jamás faltó un duro en ellas, como tampoco en El Taranto. Y ahora ¿qué? Parece que para ser tesorero hay que tener un máster en choricería financiera, experiencia acreditada en engañar a Hacienda, curso avanzado de geografía de paraísos fiscales, cursillo de léxico especializado en buscar nombres para sociedades fantasmas…y un morro imperturbable para que, llegado el caso de ser descubiertos sus chanchullos, poder hacerse el ofendido. Nadie tendrá nunca constancia de nada.

Y si acaso, por desventuras de la vida, un malhadado juez de instrucción o un fiscal anticorrupción se ponen a hurgar en los papeles y discos duros de un tesorero, que no olviden que ya hay precedentes, tanto de cepillarse al juez o al fiscal, como –y sobre todo- de anular las pruebas por defectos de forma. Y si la cosa pasa a mayores, se sobresee el caso porque ha prescrito, de lo que siempre hay quien se ocupa. Y en última instancia queda el indulto del Ejecutivo. O sea, que hay motivos de sobra para ser cínico, para hacerse el longuis (a nadie “le consta” nada de ningún enjuague, manejo o sobresueldo), o para, ya en el colmo del morro, personarse en las causas abiertas como “perjudicado”.

Anuncios

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

¿Donde?

"La Tapia del Manicomio" se publica todos los Lunes en el Diario de Almería. "Gastrofilias" se publica en los sábados en el Diario de Almería "Mesa y Mantel", articulo mensual en la revista Andalucía Económica.

Pide por esa boquita

¿Quieres que publiquemos algun articulo antigüo?,o ¿simplemente necesitas alguna receta de cocina? Mandamos un mail a azapata2001@gmail.com y tus deseos serán cumplidos.

Visitantes

  • 53,878 visitas
A %d blogueros les gusta esto: