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Gastrofilias

El vino (como el beso) en España no se lo dan a cualquiera

El consumo de vino en España sigue bajando. Ya estamos por debajo de 20 litros por persona y año, casi la mitad que a principios de los 90 del siglo XX. Es verdad que esta bajada afecta también a los demás países tradicionalmente productores y consumidores, pero en una cuantía mucho menor. Francia, Italia y Portugal han bajado pero se mantienen en consumos por encima de 40 l/año per cápita. Se achaca la cosa a causas varias: los controles de alcoholemia cada vez más frecuentes y estrictos, que  afectan al consumo en bares y restaurantes; también, que los márgenes con que marcan los vinos en la mayoría de ellos son abusivos. El gasto de vino en los hogares ha aumentado algo, pero no compensa a la vista de los datos. Otra causa posible es la jodía crisis, pero si vemos arriba los datos de Portugal y nos dicen que en Grecia apenas ha bajado un 6% y se mantienen en más de 30 litros, lo de la crisis económica no se sostiene como motivo para la bajada del consumo. Aparte de que, insisto, en España acumulamos ya un cuarto de siglo de bajas, incluidos los años alegres del pelotazo, la burbuja y las comilonas de “trabajo”.

La cosa es de fondo: aquí no hay cultura gastronómica y mucho menos del vino. Un ejemplo clave, porque se trata de uno de los mejores vinos del mundo, es Jerez: su mayor cliente de siempre es Gran Bretaña y España es CUARTO. Aquí, además, es más “prestigioso” tomarse un malta o un gin tónic que saber elegir un vino para la comida. Se ha perdido la costumbre de tomar vino a diario en la mesa familiar y los niños no aprenden (como se hizo durante milenios) a apreciar el vino y a beberlo con moderación y con comida. Se escandalizan de que se le dé vino a un menor y se resignan a que hagan botellón cada fin de semana a partir de los catorce.

Y, por último (de momento): los vinos españoles cada vez tienen más grados, lo que penaliza el consumo incluso para los que somos aficionados irreductibles. Yo no me puedo beber en una comida tres o cuatro copas de un blanco con 14, 5º o un rosado con 15º o un tinto con 16º, que de las tres cosas veo a menudo ejemplos. Sí me las bebía de un albariño de 11º o de un buen tinto reserva de 12,5ª, que tanto abundaban hace años en Galicia o Rioja, por poner dos ejemplos muy conocidos. Una buena noticia para postre: acabo de probar un crianza riojano con muy buena nariz, cuerpo medio y paso de boca muy agradable, con 12,5º. No es color tinta china, claro, no huele a “guindas en alcohol”, ni tiene taninos secantes por un tubo, ¡gracias a Dionisos!.  Se llama Arméntia y Madrazo, es del grupo Carlos Serres y espero que en pocos días esté en Almería. Seguiremos informando.

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