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La Tapia del Manicomio

Del muelle al río

aaapinchosCon las sucesivas ubicaciones de la Feria de agosto desde el muelle al río, pasando por el Zapillo, los que hemos vivido todos esos emplazamientos nos dejamos llevar tontamente por la nostalgia de los años pasados y, lo que es peor, sospechamos que nos quedan pocos. Sospechas fundadas en la estadística sin ir más lejos. Así que, sin ánimo de lamentarnos, sino de echar un ratico con ustedes constatando los cambios acaecidos, allá van algunas diferencias entre ayer y hoy.
En los conciertos, los jóvenes de nuestros tiempos sacaban y encendían mecheros. Hoy sacan el móvil y hacen fotos (autos o al espectáculo), lo que tiene sus ventajas: el móvil no se recalienta como el mechero, lo que obligaba a apagarlo pronto; ni se le gasta el gas (la tarjeta de almacenamiento). Entonces sólo te veían los tres o cuatro de alrededor y ahora lo mandan a los polos y al ecuador en segundos.
En la Feria de los sesenta se cortaba la carretera general N340; comíamos manzanas caramelizadas, algodón dulce, había un único puesto de pinchitos (el de El Kantafi) y aparecieron las primeras salchichas de Frankfurt. Para beber, había incluso puestos en los que una señora mayor ofrecía un botijo con agua, a peseta la panzá. Las casetas hoy llamadas tradicionales empezaron en los 70. La primera fue la de El Taranto y llegaron a ser unas cuarenta a finales de siglo. Hoy dispone la Feria de un recinto bien puesto que no interfiere el tráfico interurbano, hay docenas de moros asando pinchos, catorce puestos de papas asadas, innumerables de gofres y, ¡ay!, las casetas tradicionales han colapsado.
Elemento fundamental en los festejos de “nuestra” Feria eran las majorettes. Eso sí, las auténticas, las de Mont de Marsan, de cuando para un jovenzuelo español las francesas eran lo más, mucho más que las suecas. Aquí ha habido una pérdida evidente: aquellas esplendorosas jóvenes fueron sustituidas por unas niñas de ocho o diez años, de procedencia provincial, que hacían un remedo de desfile flanqueadas por un contingente de madres y familiares que triplicaban el número de “artistas”. Ahora, han desaparecido del programa de Feria. Para mala salud, ninguna. También han desaparecido: la caza de la focha, el Teatro Circo Chino o la prueba del litro. No los echamos de menos, que conste.

Nota: si alguien quiere añadir otras diferencias entre las ferias del muelle y la de ahora, aquí tiene todo el espacio que quiera.

Otrosí: sentimos que haya vuelto a salir en martes, pero no sabemos el por qué.

 

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