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La Tapia del Manicomio

Nuevos rocieros

aaaSábado por la mañana, en el Paseo de Almería. Tres amigos están hablando en una esquina, buscando la sombra, que ya empieza a apetecer. En esto, se encuentran rodeados por una decena de individuos disfrazados de traje corto campero, armados de pitos, cañas y tamboriles. Y decimos disfrazados porque se aprecia que los vestidos acaban de salir del sastre o de una boutique rociera cara. Y buena pinta si tenía la ropa, pero no ellos, que parecían, insistimos, disfrazados. No contentos con rodear a los susodichos se ponen a tocarles…los instrumentos, como hacen los tunos con los turistas. Los tres “paseantes en cortes” se apartan espantados y huyen por la calle de Ricardos, mientras la patulea de neorrocieros avanza Paseo arriba, dios sabe con qué destino. Como otro tamborileo con sus pitos correspondientes resuena desde la Plaza de San Pedro (por cierto, alcalde, tenías razón, había que esperar a que estuviera acabada), doblan por San Francisco y ya no pueden escapar porque otro combo ataca por el norte. Uno de los tres, que reside en Sevilla desde hace décadas, comenta que cuando llegan allí estos rocieros de guardarropía, el personal veterano se carcajea de verles las pintas. Y es que no es lo mismo ser nuevo rico que creerse nuevo rico. Los primeros, cuando se ven bien forrados se compran un barco y una finca con coto de caza, y se quitan de en medio. Los que no alcanzan a esas posibilidades, se apuntan a una cofradía, que siempre ha sido una forma de subir por la escala social. Y de darle por saco al personal por toda la ciudad. Es una lástima que esos derroches de billetes les luzcan tan poco. Para ese viaje se podrían haber comprado el uniforme de rociero en un mercadillo o en Villa Pollitos. O al menos, podrían hacer como los elegantes dandies ingleses: cuando el sastre les entregaba un traje nuevo, se lo hacían poner a su valet (que ya procuraban que fuera de su misma talla), para que lo domara y le diera ese aire de elegancia antigua que tienen los sillones de cuero largamente usados.

Y un problema de móviles: de la Puerta de Purchena al Rocio hay 496 km. Si la mañana del sábado 16 andaban por el centro de Almería, y un buen rociero ha de estar en La Aldea el sábado 23, ¿a qué velocidad tienen que ir las carretas? ¿Llegarán ya “domados” los flamantes disfraces?

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