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Gastrofilias

Huyendo

AAAATortillasComo los dos próximos sábados son el alfa y el omega de la Feria de la capital, me tomo unas inmerecidas vacaciones y me despido hasta septiembre. Una columna que dice tratar de gastronomía (no solo de cocina) tiene poco que aportar en el lógico y deseado desmadre de las fiestas. No es cosa de ir catando y evaluando migas, bocatas de morcilla y calimochos por chiringuitos, bares y casetas. Ni el calor invita, ni mi estragado sistema digestivo me lo toleraría. Además, no son días para andar cogiéndosela con papel de fumar. Beban y coman en buena hora lo que les apetezca, que nadie se ha muerto por un exceso festivo, porque lo que se pierde por metabolizar guarrerías se gana en alegría, olvido de preocupaciones y confraternización con el prójimo desconocido. Y para los daños colaterales no olviden que lo mejor es lo clásico: bicarbonato para las indigestiones y Bloody Mary para las resacas. Los modernos y varios fármacos que hay ahora tienen efectos secundarios peores que la acidez. También es buena la medicina preventiva: si llega uno a su casa pasado de copas, es mano de santo arrimarse dos aspirinas efervescentes antes de acostarse.

Entre sumergirse a tumba abierta en la vorágine ferial y huir al Pirineo aranés, hay vías intermedias. Les sugiero un insólito bar bastante apartado del follaero: Mondrián, en la calle Costa Balear, que está entre la parte alta de la avenida del Mediterráneo y Villa Blanca. Digo que es insólito por los contrastes entre aspecto y contenido, y entre las tapas convencionales y las de cocina popular almeriense, de calidad poco frecuente. Las primeras (pincho, lomo, hamburguesa, salchichas y un largo etcétera) están en la carta y son coherentes con la decoración y el ambiente bullanguero que se aprecia al cruzar el umbral. Pero luego llega el propietario y te cuenta las tapas de cocina, mayormente hechas por su madre (74 primaveras) y te sorprendes aun más. Gachas con caldo potente, manitas jugosas, asadura en ajillo, callos de verdad…y una tortilla de habas como la de mi abuela, que repelaba las habas, con lo coñazo que es eso. Las habas son de cosecha propia, las escaldan, pelan y congelan en temporada y hacen unas tortillas con mucho huevo, deliciosas. Por cierto, sorprende que la tortilla de patatas no le llegue a la de habas ni de lejos.

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"La Tapia del Manicomio" se publica todos los Lunes en el Diario de Almería. "Gastrofilias" se publica en los sábados en el Diario de Almería "Mesa y Mantel", articulo mensual en la revista Andalucía Económica.

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