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Gastrofilias

Confusiones

Es fácil confundirse con las setas, especialmente en sitios como Almería donde hay muy pocas y apenas se han comido, como prueba el cortísimo número de platos con setas que hay en nuestra cocina popular. “Gracias” a ese desconocimiento general, se están vendiendo en tiendas y verdulerías ciertas setas de cultivo con la etiqueta de boletus. La verdad es que el parecido es mínimo: el pie es gordito y abombado como muchos boletus, pero es mucho más largo y de color blanco puro, mientras que los boletus lo tienen entre el beis del edulis y el crema-pardo del aereus, para mí el más rico. El sombrero es un botón muy pequeño, de diámetro similar al de la parte gorda del pie, mientras que el de los auténticos es gordo y carnoso. El aroma no se parece al olor intenso a coco, a nuez, a bosque de los buenos boletus. Si se busca en Internet, esta seta incógnita aparece en muchas página con el nombre –también prestigioso- de seta de cardo (Pleorotus eringii), pero tampoco se le parece. Así que pasen de Wikipedia y de tantos que copian y pegan, y vayan a páginas serias y científicas si quieren ver el auténtico aspecto de las setas de cardo y de los boletus.

Si es fácil confundir las setas, parece mucho más difícil, en una provincia tan marinera como la nuestra, confundir unas finas lonchas de pescado con unas cocochas. Pues, aunque parezca coña, he sido testigo directo de la siguiente escena: pedimos, entre otras cosas, unas cocochas al pilpil. Pasado bastante tiempo, nos ponen en la mesa unos filetillos de pescado con ensalada. Extrañados, preguntamos qué era esto, pues no lo habíamos pedido. Previa consulta a la cocina, nos informan que era un “tiradito de lubina”. Tras más deliberaciones, resultó que era para otra mesa, a la cual le habían servido nuestras cocochas. Es chocante que ni el camarero ni los comensales supieran diferenciar unas lonchitas de pescado de unas cocochas, máxime cuando las primeras iban en crudo y las segundas al pilpil.

Volviendo a las setas, es recomendable asistir a jornadas micológicas, como las de Abla (IX edición ya), pueblo donde se ubica uno de los pocos especialistas que hay en la provincia: La Posá del Tío Peroles. Prueben de paso el buen vino y los embutidos que elabora el propietario, Antonio Herrerías. Y su versión del dulce del paraíso.

 

De izquierda a derecha y de arriba abajo: Boletus aereus, boletus edulis, boletus pinícola y setas de cardo

B aereusB EdulisB setacardoB pinicola

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