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La Tapia del Manicomio

Lanzaderas espaciales

AAmuchos-chinosÉramos pocos y parió la abuela, constata un antiguo dicho. Si hasta ahora el aumento de la población mundial llevaba un ritmo elevado, con los chinos liberados de la prohibición de tener más de un hijo por pareja, veremos a ver cuanto se incrementa el ritmo de crecimiento. Y cuanto tardaremos en completar los ocho mil millones. La realidad es que ya es tarde para poner pie en pared. Ni la baja tasa de natalidad del primer mundo, ni los treinta años de restricciones en la enorme China, ni la producción masiva de condones y pastillas “antibaby” han logrado que la Tierra deje de estar en peligro de reventar.

Las aglomeraciones nunca han sido buenas, excepto para la guerra: siempre se ha dicho que “la mucha gente, para la guerra”. Así que el amontonamiento, no sólo va hacer que reviente el planeta, sino que, mientras llega la implosión, la contaminación –externa e interna- tiene muchas más facilidades para transmitirse. No es que las bacterias, virus y demás enemigos invisibles sean ahora más listos o más hijoputas, sino que se lo ponemos fácil al estar unos pegados a otros, unos encima de otros, y sin posibilidad de expansión. Ya ha dicho el Hawkings ese que tenemos que ir buscando planetas por esas galaxias de Dios, pero ya. Lo que pasa es que la cosa no es tan fácil. Si hubiera que mandar unos miles de humanos al espacio no sería demasiado difícil –dicho sea con varias docenas de comillas- con las lanzaderas espaciales marca Shuttle de las que ya hay media docena. Pero si hay que mandar a siete mil millones de individuos (o los que haya cuando los chinos se líen a procrear doble) no tendremos bastante ni con el AVE Granada-Madrid, con su correspondiente autobús-lanzadera marca Comendador, desde Almería.

Una solución más asequible sería enviar al espacio exterior a todos los bacilos, virus y demás microbios, que como su propio nombre indica son muy chicos y cabrían todos en un par de naves espaciales. Lo malo es que habría que conservar los microbios buenos, porque si los echamos todos a tajo parejo, no vamos a poder hacer vino, ni queso, ni yogur, ni pan, ni, para rematar la faena, podríamos hacer la digestión. Eso si, al no poder comer ni cagar, palmaría la población humana, animal y vegetal en cuatro días y se quedaría el planeta “espercochao”.

 

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