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Gastrofilias

Procesados y ejecutados

No solo con carnes procesadas industrialmente puede usted jorobarse la salud. También puede lograrlo con procesados caseros y con pescados. Las malas frituras, tan generalizadas y criticadas inútilmente, son una estupenda fuente de ardores, gastritis y, a la larga, enfermedades muy graves. Pero, en fin, nos lo tomaremos con humor aunque sea del negro: les cuento unas anécdotas de las que vengo coleccionando con el título “Conversaciones en el bar” (con permiso de Vargas Llosa). Dos me acaban de regalar Paqui y Mariano, de La Encina (este mes están con sus VI Jornadas de Cocina Tradicional Española, muy recomendables). En una me dicen el pecado pero no el pecador:
-Oiga, estos boquerones fritos huelen fatal
-No, si ya me venían oliendo mal cuando los traía para la mesa
Esto me recordó dos casos parecidos, ambos de hace unos cuatro años: estaba comiendo en el restaurante Tribeca de Sevilla, de Pedro Giménez. Su hermano iba todas las madrugadas a lonjas de Cádiz o Huelva y los pescados y mariscos que traía se presentaban sobre un carro para que eligieran los clientes; esta vez eran de Madrid, por cierto.
-Camarero, estos boquerones fritos no parecen frescos
-Los acaban de traer de Cádiz, hace dos horas, ¿qué les notan?
-Pues que no pican, como los que tomamos en otros sitios.
El otro caso me ocurrió en Almería, en la desaparecida cafetería Torreluz. Una ración de rape a la plancha que pasó delante de mis narices, antes de posarse delante de quien lo había pedido, me dio un tufo amoniacal considerable y, por la cara que puso, también al destinatario. Llamé al camarero, le dije en voz baja que aquello cantaba más que Pavarotti y se lo llevó. Volvió para transmitirnos las excusas del cocinero que le echaba la culpa al proveedor. Se ve que el cocinero y el camarero carecían de olfato.
La segunda historieta de los amigos de La Encina les sucedió en un restaurante de Salobreña. Uno de los comensales había elegido “Solomillo de ternera a la naranja”, pero a la mesa llegó un filete de magra de cerdo.
-Oiga, esto no es ternera, ni es solomillo, y además está seca y tiene un gusto raro.
El dueño se excusó como pudo y al final reconoció:
-Bueno, el sabor es porque no nos quedaban naranjas y le hemos echado un chorrico de Fanta. Fin. Por hoy.

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