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Gastrofilias

Sopa de abuela

aaguisarEl anuncio me saltó a los ojos paseando el otro día por uno de los epicentros barísticos de la capital. El menú del día que anunciaba la pizarra plantada en medio de una calle peatonal -perdón, terrazal – incluía como primera opción “sopa de abuela”. El ahorro de artículos y preposiciones lleva a estas locuciones chuscas. Preclaros ejemplos nos muestran a diario los titulares de la prensa. Los ayuntamientos no se quedan atrás: hay una travesía de la calle de Murcia que de llamarse Calle de la Cita ha pasado a ser “Calle cita”. Claro que, en el caso de la sopa, a lo peor no se trataba de una falta de ortografía porque al día siguiente, en la misma pizarra, en el menú había “Sopa de picadillo”. ¿La habrían hecho con las sobras de la del día anterior? Será que con la vejez me vuelvo más chinche y gruñón, porque lo que me suelen preguntar los amigos, conocidos –y hasta desconocidos que dicen seguir mis escritos-, es si hay algún local nuevo interesante o qué me parece el gastrobar Felipe o el neomesón El Abrevadero. En parte por esto, en parte por andar algo y en parte porque me gusta el chateo peripatético, en vez de ir sólo a los ocho o diez bares que me gustan, entro en los nuevos, repito en otros, y pido unas cuantas tapas. La ensaladilla rusa, la tortilla, los callos y unas pocas más son buenos elementos de evaluación. Es como pedir un dry martini en un bar de copas; en seguida se delata el que no sabe.

Esta semana he vuelto a probar los callos de La Encina y me parecen de los mejores de la ciudad. El hecho de que sean callos de verdad -y no pata de cerdo picada- ya es un hito. Además, están muy bien guisados, con punto de picante adecuado y poca grasa. Notables.

Y para que vean que no sólo cuento conversaciones de barra de bar en las que se delata la poca profesionalidad, ahí va una “de clientes”: un grupo sentado a una mesa de Casa Puga pide una ración de calamares. Cuando los prueban llaman al camarero y le preguntan que si les ponen azúcar. Adolfo se queda estupefacto y más cuando añaden: “es que están dulces y además un poco duros”. No se puede contener y les pregunta a su vez: “Ustedes no han comido calamares frescos en su vida ¿verdad?” ¡Ay!, esos calamares de potera, de gruesa carne, tersa y dulce, ¡qué poquitos se están pescando este invierno!

 

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Comentarios

2 comentarios en “Sopa de abuela

  1. Que brutos!

    Publicado por Almeriense en mexico | 01/02/2016, 5:50 pm
    • Más bien analfabetos, porque para brutos, brutos los que vivían donde tú estás ahora, que no sólo hacían sopa con las abuelas, sino con todo criaturo humano al que le echaban mano.
      Cuéntame alguna novedad sobre tu trabajo en el… iba a decir DF, pero parece que le van a cambiar el nombre ¿no? O alguna situación graciosa ocurrida en el comedor o en la barra, para agregarla a mi colección “Conversaciones en el bar”.
      Besos

      Publicado por ZapataYMolina | 02/02/2016, 8:15 am

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