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Gastrofilias

Bocatas almerienses

Un bocadillo puede ser una comida completa y equilibrada, no hay más que analizar la composición de uno de jamón con tomate y aceite. Ibérico de bellota el jamón y virgen extra el aceite. La elección del pan es importante: artesano si es posible, de corteza crujiente, de miga abizcochada o de poca miga como el pan de cristal, según el relleno. El pan de molde es para los chambis, nombre almeriense del sándwich acuñado en la misma época en la que decíamos Jon Vaine y Jamestevar, vez de Yon Guein y Yeim Estuar. Los chambis de mi infancia eran, por antonomasia, de sobrasada y de mantecado helado.

Al grano, les voy a proponer cuatro bocadillos. En primer lugar, les recomiendo encarecidamente dos que, además, están en la lista de las tapas que se ofrecen incluidas en el precio de la bebida: el sándwich club de La Bodeguica de Miguel del Rei, que es una versión de este famoso bocadillo inglés (bacon, queso, lechuga y pechuga de pollo), al que añade un huevo, como en el “croque madame” francés que algunos recordarán del antiguo Port of Spain de Cristián Salas: queso, jamón y bechamel, gratinado y con un huevo frito encima. En el Casco Antiguo, José Amores hace una versión del bocadillo de sardinas ideado por su maestro Pedro Berrogui: sardinillas picantes, cebolla morada, oruga (rúcula para los italianizantes), pepinillo y un chorreón de aceite. Ambos van bien con cerveza, pero yo prefiero la manzanilla Argüeso de La Bodeguica o el excelente fino Rey Fernando de Castilla del Casco Antiguo.

Remato la faena con dos versiones personales de un bocadillo rescatado de nuestro pasado: el de pescado frito frío, del día anterior incluso. Tengo dos opciones preferidas: con bacalaícas abiertas (sin raspa, claro) y con boqueroncillo de manojo, el que llaman vitoriano en Málaga. Las bacaladillas se acompañaban frecuentemente con tomate frito (casero, por supuesto), así que se unta bien de salsa de tomate espesa un pan crujiente, se coloca encima el pescado, se cubre con una hoja de lechuga romana, un hilo de aceite, sal de Cabo de Gata y se tapa con la otra mitad del pan. El de boqueroncillos me gusta “aliñarlo” con una rodaja fina de tomate, mahonesa y unas patatas fritas, bien a lo pobre, también frías, o mejor aun patatas a la inglesa (ahora les dicen “chips”) que le dan un toque crujiente muy gracioso. Que aproveche.

 

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