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ZapataYMolina

ZapataYMolina ha escrito 602 entradas para LA TAPIA DEL MANICOMIO

El alcalde echa un cable

Fuimos de los pocos que criticamos que se mantuviera el Cable Inglés, lo que nos acarreó una serie de reprimendas por parte de amigos, conocidos y desconocidos, todos ello conspicuos conservacionistas. La causa de nuestra oposición, nuestro argumento, era que aquello estaba hecho una mierda y, como no creíamos que hubiera la más mínima posibilidad de que lo restauraran, mejor era quitarlo de en medio y no seguir dando mal ejemplo. Amén del peligro de que semejante estructura y en semejante estado de “conservación” colapsara y pillara debajo a bañistas, bandas de tambores y cornetas en pleno ensayo o, en horario nocturno, a diverso personal de la clase prostituta, como decía nuestro admirado Flann O’Brien. Un cuarto de siglo después, afortunadamente no se ha cumplido la parte funesta de la profecía, pero en el resto hemos acertado de pleno. Y lo malo es que no tenemos más remedio que ratificarnos en nuestra opinión, dado que el alcalde de Almería ha dicho que se va a ocupar en persona de restaurar El Cable, ya que la Junta de Andalucía no le mete mano (como preveíamos). Que dice nuestro primer edil –lo dijo en el pleno del pasado viernes- que el Ayuntamiento liderará una rehabilitación del Cable Inglés “si la Junta no quiere, no puede o no sabe”. Menos mal que Rafael Esteban (I.U.) entró al quite y dijo: “no estoy de acuerdo en que se la haga todo el trabajo a la Junta”. Que esté tranquilo nuestro veterano edil y viejo amigo: el trabajo no lo va a hacer la Junta ni el Ayuntamiento, ni la Diputación, ni el Gobierno Central, ni la Comisión Europea, ni la Asamblea General de la ONU. Vamos, ni la Otan, a no ser que se les ocurra darle al Cable un uso bélico para próximos lanzamientos sobre África.

Aunque, mirándolo bien, a lo mejor fallamos en nuestra negra previsión si a Rafael Hernando le da por meter el presupuesto del arreglo del Cable Inglés en la misma carpeta donde lleva los “números” (mientras otros “están con los numeritos”) de las fastuosas inversiones previstas para el AVE. Que, según el esforzado representante de nuestros intereses en Madrid (¡¿?!) “llegará a Almería a la vez que a Bilbao”. Mutatis mutandis, cuando se escacharre el puente colgante de Bilbao, lo arreglarán al mismo tiempo que nuestro Cable Inglés. Y, ya de paso, el Francés, que parece que también están en ello.

 

Cordero con cubiles

Iba yo a comprar ajetes y me encontré con cubiles. Aunque mucha gente los confunde, son muy distintos en aspecto y sabor. Los ajetes (a la derecha en la foto) son los ajos muy tiernos, con la cabecilla apenas formada y hojas verdes largas y finas, que con frecuencia también se utilizan, quitándoles las puntas secas, más duras. En cambio, los cubiles (izquierda) son unos brotes que le salen en el centro a los ajos tiernos y que se les quitan para que la cabeza del ajo pueda engordar. Son de color verde claro y de forma cilíndrica, de medio centímetro de diámetro aproximadamente: como un fideo gordo y macizo, de unos 25-35 cm de largo. Crudo es duro al corte, huele suavemente a ajo y pica un poco. Pero una vez cocinado apenas pica y no se repite. Se puede utilizar como sustituto del ajo en sofritos y pistos, a los que comunica un sabor muy agradable. También funciona en revueltos y tortillas, o como verdura de guarnición, sola o combinada con otras. Se cortan en trozos, se saltean con unas gotas de aceite y luego se añade una cucharada de agua a la sartén, se tapa y se deja que se terminen de hacer a fuego suave. Solo están en el mercado durante unos días de primavera. El resto del año se encuentra en conserva. Naturalmente, no es lo mismo, como ocurre con todas las verduras. Hay que aprovechar estos días. Así que me hice con un manojo de cubiles y unas chuletas de cordero, que combinaron de maravilla.

No sé de dónde viene la palabra “cubiles”, pues el DLE dice que el tallo cilíndrico que sale en el centro de algunas plantas se llama “escapo”. Lo más parecido que he encontrado es “cúbele” en el Vocabulario Andaluz de Alcalá Venceslada. Se ve que en Almería cambió la “e” por la “i” y pasó de esdrújula a grave, que es más cómodo. Tampoco sé de donde viene un simulacro de chuletas de cordero, pequeñas y finas, que ya me han colado en un par de sitios. Cuando digo finas no me refiero al sabor, porque son absolutamente insípidas, sino al grosor. Deben congelar los costillares para cortar a máquina láminas muy finas, de apenas 3 mm. Prometo investigar, pues es una lástima que nos pongan una bazofia, cobrándola como si fueran chuletas de los excelentes corderos almerienses, sean segureños, con su I.G.P., o los que busca José Vergara en nuestras altas sierras, criados con hierba fresca.

Tenemos lo que pedimos

La tentación de creer que todo lo pasado fue mejor, de vez en cuando da la sensación de que es verdad. Como si se alinearan los astros y los hados de tal manera que, por ejemplo, hablando de políticos, parece que hubo una generación áurea en los tiempos de la Transición española, que algunos creen prehistoria pero nosotros la vivimos ya bastante talluditos, hasta con hijos. La pareja Adolfo Suárez – Felipe González ahora la tenemos como ejemplo de alta política, logros decisivos y prestigio de España en el mundo. Sus nombres se citan con admiración, pero en su momento les dábamos cera hasta en el cielo de la boca, los poníamos a caer de un burro (y de hecho, a los dos los defenestramos en su momento y con bastante desprestigio mediático y popular). Echando un vistazo a lo que ocurre por esos mundos, tenemos la misma impresión: si comparamos la figura de Churchill con la de los que le siguieron –Tatcher, Blair, por elegir solo dos de los más notorios- nos parece claro que hay una clara decadencia, hasta llegar ya al mínimo posible que supone May (confiemos que sea de verdad el mínimo posible). Otro preclaro ejemplo es el de Estados Unidos. Sin irnos muy atrás, las figuras de Roosevelt, Eisenhower o Kennedy aparecen como mucho más relevantes que la mayoría de los presidentes posteriores. Y, desde luego, la cuesta abajo casi perfecta ha llegado al fondo con Trump. Aunque ya veremos, porque igual que pasa con las crisis, cuando se llega al fondo del pozo no hay que creer que ya se ha acabado lo malo: siempre se puede cavar un hoyo en el fondo del hoyo para llegar más abajo.

También cabe que esta sensación de deterioro esté estrechamente ligada a nuestra natural decadencia, efecto del paso de los años, que nos hace ser más escépticos y desesperanzados (esta segunda inocencia que da en no creer en nada). O a lo peor no, también cabe que los políticos actuales sean así porque así es la sociedad actual: los ciudadanos somos menos dados a transcendencias, tenemos actitudes más “ligth” y más pedestres. En estas circunstancias, seguramente los políticos no hacen otra cosa que atender a lo que demandamos. Aunque para pedestres, estas reflexiones, fruto de nuestra acendrada afición a la sociología de bordillo de acera, ayuna de ciencia y hasta de estadísticas.

¿Donde?

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