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La Tapia del Manicomio

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El alcalde echa un cable

Fuimos de los pocos que criticamos que se mantuviera el Cable Inglés, lo que nos acarreó una serie de reprimendas por parte de amigos, conocidos y desconocidos, todos ello conspicuos conservacionistas. La causa de nuestra oposición, nuestro argumento, era que aquello estaba hecho una mierda y, como no creíamos que hubiera la más mínima posibilidad de que lo restauraran, mejor era quitarlo de en medio y no seguir dando mal ejemplo. Amén del peligro de que semejante estructura y en semejante estado de “conservación” colapsara y pillara debajo a bañistas, bandas de tambores y cornetas en pleno ensayo o, en horario nocturno, a diverso personal de la clase prostituta, como decía nuestro admirado Flann O’Brien. Un cuarto de siglo después, afortunadamente no se ha cumplido la parte funesta de la profecía, pero en el resto hemos acertado de pleno. Y lo malo es que no tenemos más remedio que ratificarnos en nuestra opinión, dado que el alcalde de Almería ha dicho que se va a ocupar en persona de restaurar El Cable, ya que la Junta de Andalucía no le mete mano (como preveíamos). Que dice nuestro primer edil –lo dijo en el pleno del pasado viernes- que el Ayuntamiento liderará una rehabilitación del Cable Inglés “si la Junta no quiere, no puede o no sabe”. Menos mal que Rafael Esteban (I.U.) entró al quite y dijo: “no estoy de acuerdo en que se la haga todo el trabajo a la Junta”. Que esté tranquilo nuestro veterano edil y viejo amigo: el trabajo no lo va a hacer la Junta ni el Ayuntamiento, ni la Diputación, ni el Gobierno Central, ni la Comisión Europea, ni la Asamblea General de la ONU. Vamos, ni la Otan, a no ser que se les ocurra darle al Cable un uso bélico para próximos lanzamientos sobre África.

Aunque, mirándolo bien, a lo mejor fallamos en nuestra negra previsión si a Rafael Hernando le da por meter el presupuesto del arreglo del Cable Inglés en la misma carpeta donde lleva los “números” (mientras otros “están con los numeritos”) de las fastuosas inversiones previstas para el AVE. Que, según el esforzado representante de nuestros intereses en Madrid (¡¿?!) “llegará a Almería a la vez que a Bilbao”. Mutatis mutandis, cuando se escacharre el puente colgante de Bilbao, lo arreglarán al mismo tiempo que nuestro Cable Inglés. Y, ya de paso, el Francés, que parece que también están en ello.

 

Tenemos lo que pedimos

La tentación de creer que todo lo pasado fue mejor, de vez en cuando da la sensación de que es verdad. Como si se alinearan los astros y los hados de tal manera que, por ejemplo, hablando de políticos, parece que hubo una generación áurea en los tiempos de la Transición española, que algunos creen prehistoria pero nosotros la vivimos ya bastante talluditos, hasta con hijos. La pareja Adolfo Suárez – Felipe González ahora la tenemos como ejemplo de alta política, logros decisivos y prestigio de España en el mundo. Sus nombres se citan con admiración, pero en su momento les dábamos cera hasta en el cielo de la boca, los poníamos a caer de un burro (y de hecho, a los dos los defenestramos en su momento y con bastante desprestigio mediático y popular). Echando un vistazo a lo que ocurre por esos mundos, tenemos la misma impresión: si comparamos la figura de Churchill con la de los que le siguieron –Tatcher, Blair, por elegir solo dos de los más notorios- nos parece claro que hay una clara decadencia, hasta llegar ya al mínimo posible que supone May (confiemos que sea de verdad el mínimo posible). Otro preclaro ejemplo es el de Estados Unidos. Sin irnos muy atrás, las figuras de Roosevelt, Eisenhower o Kennedy aparecen como mucho más relevantes que la mayoría de los presidentes posteriores. Y, desde luego, la cuesta abajo casi perfecta ha llegado al fondo con Trump. Aunque ya veremos, porque igual que pasa con las crisis, cuando se llega al fondo del pozo no hay que creer que ya se ha acabado lo malo: siempre se puede cavar un hoyo en el fondo del hoyo para llegar más abajo.

También cabe que esta sensación de deterioro esté estrechamente ligada a nuestra natural decadencia, efecto del paso de los años, que nos hace ser más escépticos y desesperanzados (esta segunda inocencia que da en no creer en nada). O a lo peor no, también cabe que los políticos actuales sean así porque así es la sociedad actual: los ciudadanos somos menos dados a transcendencias, tenemos actitudes más “ligth” y más pedestres. En estas circunstancias, seguramente los políticos no hacen otra cosa que atender a lo que demandamos. Aunque para pedestres, estas reflexiones, fruto de nuestra acendrada afición a la sociología de bordillo de acera, ayuna de ciencia y hasta de estadísticas.

Ignorancia

El auténtico problema del reciente suceso (nos negamos a poner evento) protagonizado por una partida de atún contaminado es la ignorancia. Como casi siempre, porque si se informa uno de lo que ha pasado, verá que, primero, el atún no es “de” Almería sino del Pacífico; y segundo, que la histamina ha aparecido en algunos atunes por romper la cadena de frío. Y no se ha roto por descuido, sino aposta, para engañar al consumidor vendiéndole atún congelado como si fuera fresco. Y ni los medios, ni Sanidad, ni nadie de la administración dice ni pío sobre ese aspecto, o al menos pasan de puntillas. Y ahora, casi todo el mundo tiene miedo de comprar atún porque “dicen” que el atún de Almería está contaminado. O sea, que el problema no es la histamina, sino la ignorancia Quod erat demostrandum. Corolario: el viernes llegó a la Plaza un auténtico atún rojo recién pescado en aguas de Almería y lo estaban vendiendo a precio más bien bajo -24 €/kg- porque el personal está peor que reticente y se cree que está “contaminado” por ser de Almería. La inmensa mayoría de los bares y restaurantes no lo han comprado, está claro que por el mismo motivo: ignorancia propia y/o de sus clientes. Ningún atún legal, es decir, pescado en estas escasas fechas en que no hay veda ni se ha agotado el cupo, puede tener histamina. El más antiguo se pescó hace ocho días, que es cuando se abrió la veda.

Una vez más se demuestra que la ignorancia es peor hasta que el saqueo de las arcas públicas por parte de sedicentes servidores públicos. Nos llevamos las manos a la cabeza cada vez que sale a la luz que un individuo de algún gobierno se ha llevado a su casa hasta el cuadro del Rey de su despacho. Y quien dice su casa dice Andorra, Panamá o Gibraltar. Las cifras son tales que la mayoría no somos capaces ni de imaginarlas en billetes de quinientos encima de una mesa. Tampoco somos capaces de calcular las pérdidas para la economía, en este caso almeriense, que origina una información tan necia y poco aclaradora como la que se está dando sobre el susodicho atún. Agravada por la, repetimos, ignorancia generalizada a la hora de informarse. Aumentada por la estupidez en la forma de dar las noticias en las redes. Formas patrocinadas por el “trumpismo”, y que conste que no sólo Trump las practica. La posverdad que utilizan estos sinvergüenzas cuela gracias a la ignorancia creciente.

¿Donde?

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